Textura humana en la pintura
Emilio Zambrana
Son dos artistas unidos no sólo por los lazos congénitos, sino por el quehacer de las artes plásticas en toda su dimensión. Ambos nacieron y se formaron en Granada que, pese a no contar con una tradición pictórica, tiene en su registro a destacados pintores que han colocado en un puesto señero la ciudad cultural por antonomasia en Nicaragua.
Y entre esos destacados pintores se encuentran los hermanos en la vida y el arte, Robert y Carlos Barberena de la Rocha, nacidos en Granada en 1961 y 1972 respectivamente. Los dos cursaron sus primeros estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de Granada, dirigida por el notable escultor Pedro Vargas Mena.
No obstante el vuelo artístico los ha llevado a exponer sus obras en otros países como Alemania, Estados Unidos, Costa Rica y México entre otros itinerarios en su trascendente quehacer. Radicados en Granada pero constantemente viajando a su segundo hábitat plástico, Costa Rica, donde sus trabajos son celebrados por el público y los críticos.
Robert y Carlos forman un binomio cuyo horizonte es experimentar y realizar obras con esa textura humana en su ciudad natal, pero sin encasillarse en mimetismo plástico ni exponerse a la mediocridad que pulula en la provincia: trascienden esa excesiva y rutilante faena del artista encajonado, lleno de prejuicios y nimiedades.
Carlos trabaja una pintura mixta indígena, con responsabilidad y compromiso, mezcla de su quehacer plástico. En sus trabajos existen figuras humanas con rasgos indígenas con expresiones de dolor, utilizando una variedad de elementos complementarios como el cartón, las fibras de coco, telas y madera para lograr mayor textura en la realización y que visualmente el trabajo sobresalga.
Interesado en el ser humano y sus sentimientos, Carlos está tratando de mostrar esas interioridades plasmándolas en sus trabajos y esforzándose en un mayor dinamismo pictórico con el propósito de que el público pueda interactuar con la obra. Pero su pasión por los temas sociales es una constante en su devenir artístico.
Ecléctico y contestatario en sus trazos, Carlos se encuentra en una constante búsqueda hacia una forma de expresión plástica cabal y acabada. Y esa mixtura la desea trasladar a la escultura, la que actualmente está trabajando en Costa Rica.
Utilizando el acrílico y recursos como puertas viejas y ventanas, Carlos constituye instalaciones de desechos artísticos. Así también sobre tela, madera y cartón.
De Carlos, los críticos de artes plásticas han señalado que su trabajo plástico muestra una reelaboración estética de los acontecimientos que han signado la historia de Nicaragua: conflictos bélicos y desastres naturales, desarrollados con una deslumbrante maestría en su obra “Años de Miedo”, exposición que Carlos ha presentado en Galería Nacional de Costa Rica y en la Casa de los Tres Mundos.
Pero Robert explota en sus trabajos la posibilidad de utilizar cualquier tipo de recurso o de materiales que tenga a la mano: desde un pedazo de lata, una bujía, o bien un perno. Pero él, Robert, no es pintor decorativo ni mucho menos un artista que coloca objetos sólo por colocarlos. No. Realiza estudios de las composiciones plásticas y diseña e integra el objeto que encuentra adaptándolo a la obra de forma trascendente. Es decir, busca el elemento, luego hace un estudio y finalmente ejecuta la obra.
Robert hizo estudios en la Escuela de Bellas Artes de Granada. Tiene un título de profesor de Artes Plásticas, por la Escuela de Bellas Artes de Managua. También estudios de fotografía, en Costa Rica; Diseño Gráfico en la Universidad de Costa Rica, Serigrafía artística así como Litografía artística. Ha realizado exposiciones en individuales en Costa Rica, Nicaragua y Alemania.
Conversando con Robert, me dice que hace algunos años existió en Granada un grupo interesante de pintores que “pensaba y analizaba”, pero que en la actualidad existe otro grupo de artistas plásticos que está “estéticamente muerto”. Y es una preocupación no sólo de Robert sino de Carlos, el hecho de que algunos pintores están perdiendo sus raíces por el boom del turismo en Granada y son pocos los artistas plásticos en esta ciudad que promueven el arte local y nacional.
Este fenómeno parece estar bloqueando el desarrollo de la pintura en Granada pues algunos de los artistas se circunscriben, castrando su talento en ciernes, al gusto o a la solicitud del turista olvidando el trabajo personal. Y eso es lo negativo pues precisamente, estos artistas pierden su propia identidad, limitándose a ejecutar trazos al gusto del clientelismo en las artes plásticas.
Pero bueno, para Robert las mujeres y las raíces indígenas así como la confrontación entre la civilización indígena con el desarrollo tecnológico y futurista que estamos viviendo, es una actitud artística a plasmar en su trabajo, a como lo ha venido haciendo en su quehacer.
Trabajando temáticas no convencionales y utilizando cualquier objeto para el beneficio de su obra, Robert muestra con habilidad el uso de materiales efímeros que tienen su contexto y su trasfondo y no es “moda” o “pose” que coloca latas, cartón o papel periódico en sus trabajos, exhibiendo de esta manera obras interesantes sin someterse al encasillamiento.
Ciertamente ambos son pintores atrevidos en cuanto a la experimentación plástica: pintores que se salen del lienzo tridimensional marcando una pauta sin considerarse pioneros en este apasionante oficio.
Robert y Carlos Barberena de la Rocha son dos artistas plásticos granadinos que han trascendido las fronteras del arte, a como lo han hecho otros pintores también de Granada como Salomé García, René Garay y Leónidas Correa.